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Turismo comunitario
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Historia de Siloé: de barrio minero a destino de turismo comunitario

Niño con traje colorido en un desfile comunitario de Siloé

Siloé es, probablemente, el barrio de Cali del que más se habla y al que menos se ha escuchado. Durante décadas se contó desde afuera: desde los noticieros, desde el resto de la ciudad que lo miraba de lejos en la ladera. Esta es su historia contada al revés, desde adentro, con los datos que explican cómo un asentamiento de mineros terminó convertido en uno de los procesos de turismo comunitario más reconocidos del país.

¿Cómo nació Siloé?

Siloé es el barrio más antiguo de la Comuna 20, una zona de ladera al occidente de Cali. Sus orígenes se remontan a la década de 1910, cuando empezaron a llegar mineros y campesinos del Eje Cafetero, el Cauca y Nariño en busca de trabajo y de un lugar donde vivir.

No hubo urbanizador ni plano previo. Las familias construyeron sus casas con sus propias manos sobre las laderas de la cordillera occidental, en terrenos que el Estado tardó décadas en reconocer. Esa autoconstrucción explica todavía hoy la forma del barrio: calles empinadas, escaleras en lugar de avenidas y casas que crecen hacia arriba a medida que crece la familia.

¿Por qué Siloé cargó con un estigma durante tantos años?

Por mucho tiempo, Siloé fue conocido en Cali principalmente por lo que se decía de él. Era el barrio que la gente señalaba desde abajo, el que aparecía en las noticias por razones que no hacían justicia a sus más de cien mil habitantes. La distancia física —estar en la ladera, lejos de las vías principales y de los servicios— se convirtió también en una distancia social.

Ese estigma tuvo un costo concreto: pocas oportunidades, poca inversión y la sensación de que el barrio siempre lo contaba otro. Lo que cambió la historia no fue una campaña externa, sino la decisión de la propia comunidad de narrarse a sí misma.

La historia de la Estrella de Siloé

Pocas cosas resumen mejor el espíritu del barrio que su Estrella. Fue construida en 1973 por un profesor llamado Alberto Marulanda, que propuso a sus estudiantes levantar una gran estrella que iluminara las calles de Siloé, que en esa época no tenía alumbrado eléctrico.

Lo que empezó en madera y guadua se convirtió con los años en el símbolo más querido de la comunidad. Hoy la Estrella ilumina la ladera desde lo alto, es visible desde gran parte de la ciudad y su encendido diario, a las 5:45 de la tarde, es un pequeño ritual que reúne a vecinos y visitantes. Es la prueba de que en Siloé muchas soluciones nacieron de la misma comunidad antes de que llegaran desde afuera.

El MÍO Cable: cuando la ciudad subió a la ladera

Durante décadas, subir o bajar de Siloé significaba largas caminatas por calles empinadas o rutas de transporte informal. La llegada del MÍO Cable, el teleférico del sistema de transporte masivo de Cali, inaugurado en 2015, cambió eso: conectó la ladera con la Estación Cañaveralejo y, por primera vez, integró al barrio con el resto de la ciudad en unos pocos minutos.

Viajeros en la estación del MÍO Cable, el teleférico que sube a Siloé

El cable tuvo además un efecto simbólico. Por primera vez, la gente de otros barrios de Cali empezó a subir. Y lo que encontraron arriba —miradores, murales, una vista de la ciudad que no existe en ningún otro punto— empezó a cambiar la conversación sobre Siloé.

El proceso comunitario: de estigma a destino de paz

Sobre esa base, la comunidad organizó su propio proceso de turismo. Hoy Siloé es un destino de paz certificado por el Fondo Nacional de Turismo, y la regla que lo sostiene es sencilla: quienes cuentan el barrio son quienes lo habitan. Como dicen sus propios habitantes: "Siloé no es como lo pintan, sino como lo pintamos".

El arte urbano es la otra mitad de ese proceso. Siloé es tierra de artistas plásticos, de hip-hop y de rap, y sus muros son el lienzo donde esa creatividad se expresa. Hay murales que surgieron de procesos comunitarios con los vecinos y otros que pintaron artistas de otras ciudades y países que llegaron por invitación de los colectivos locales. Cada pared cuenta una parte de la historia que el barrio decidió no seguir dejando en manos de otros.

¿Quiénes son las personas detrás de Siloé?

La historia reciente de Siloé tiene nombres propios. Jacqueline Rentería, luchadora nacida en el barrio, ganó dos medallas olímpicas para Colombia. De Siloé salieron también pioneros en la creación de academias de salsa, artistas, deportistas y emprendedores que se quedaron en el territorio.

Y están los líderes comunitarios que llevan décadas sosteniendo el proceso: los colectivos de arte que organizan los murales, los habitantes que se formaron como guías para contar su barrio y las familias que abren sus miradores y sus casas a los visitantes. Son ellos quienes convirtieron el turismo en una herramienta de transformación social y económica, y no en un recorrido para mirar el barrio desde afuera.

Si después de leer esta historia quieres conocerla en persona, contada por sus propios protagonistas, el recorrido por Siloé con guías que son habitantes del barrio es la mejor forma de hacerlo.

👉 Contada por quienes viven en Siloé. Conoce el recorrido por Siloé y la Comuna 20